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lunes, 10 de diciembre de 2007

Remate

Julian remató un sábado su dignidad.

Habían muchos interesados, entre ellos abogados, vendedores de autos usados, toda la casa de gran hermano, la del reclame de los hongos vaginales, niños gordos de películas infantiles y políticos de todas las edades, colores y partidos.

Al final quedó entre un hombre calvo y gordo vestido de bebé y uno que se arrastraba por el piso como una serpiente.

Después que el rematador dejó caer el martillo Julian se puso el se puso el pañal, agarró el sonajero y se fue muy contento a comprarse una tele de plasma.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Últimos minutos en la vida de una polilla

oh! la vida, no me da mi pecho para abarcarla, ni mis alas para recorrerla. Estoy tan llena de dicha...

...pensar que hasta hace unos momentos estaba preso en una costra inerte y ahora estoy libre, libre para posarme en cada rama...libre para ¿¡QUE CARAJO ES ESO!?

Ya lo sé... ESO es mi destino, por qué si no el resplandor me adormece y da calor a mis patitas. Nadie de estos gigantes parece notarlo siquiera... lo dan por sentado... ilusos

...Estoy segura, ese es mi próximo paso, como salir de mi capullo,este es mi paso a otra libertad, si... ya puedo saborearla...si...apuesto a que soy la primer polilla a la que se le ocurre. Si lo voy a hacer, lo haré sin titubear, embistiré contra ese resplandor con todas mis fuerzas, para hacer mi entrada triunfal del otro lado. Ahí voy, uno... dos... TREEEEEEEEEEEEES...

Ay! la puta que quema!
Debe haber sentido mi falta de fe... la respuesta está del otro lado, pero sólo me dejará pasar si estoy completamente segura

otra vez, ahora aunque duela, uno...dos...TREEEEES...AYAYAYAYAYAYAY!




Así, la lámpara de mi cuarto se lleva su décima víctima. Y sólo estamos a noviembre.

lunes, 12 de noviembre de 2007

El día

Una hermosa tarde primaveral.
Niños jugando al fútbol en el parque. Un viejo perro hurgaba la basura de doña Matilde mientras esta trataba de ahuyentarlo con la escoba. Allá en la plaza una pareja se daba su primer beso.

CLANG

La campana vomitó su armónico grave y metálico. El cielo, que hasta ese momento estaba completamente despejado se empezó a nublar de una manera casi sobrenatural.

CLANG

Silencio absoluto, todos en la ciudad se quedaron completamente inmóviles. La pelota siguió como venía hasta caer en la cuneta, pero nadie fue a buscarla. El perro corrió hasta la casa de doña cuca, que por otra parte no hizo nada para impedírselo. Los dos enamorados miraron hacia el cielo. Esperaron. Rezaron para que sólo hubiera sido su imaginación.

CLANG

Era cierto. La vieja campana estaba sonando, sólo podía significar una cosa. Ellos habían vuelto.

CLANG

Ni una mosca se atrevió a romper la tensión. Todos sabían lo que debían hacer. A pesar de ser las cuatro de la tarde estaba oscuro como la noche.

CLANG

Respiraron hondo, casi casi al unísono.

CLANG

Empezó a llover

CLANG

El tiovivo del parque siguió girando unos segundos más. El barro comenzó a cubrir a la olvidada pelota, fuera no había ninguna persona. En todas las casas pasaba lo mismo. Todos menos uno se escondían en el sótano. El que quedaba iba directo al armario, ese pequeño armario que todos tenían en sus casas y comercios. Algunos escondidos detrás de tapices o cuadros, otros a la vista, como un recordatorio. En cada casa el delegado tomó la llave que colgaba de su cuello y lo abrieron muy lentamente.

CLANG

Tomaron el contenido del armario. Fueron dando pasos cortos hacia la puerta. Nadie esperaba que Ellos volvieran, pero aquí estaban. Hacia el este se divisaba un lejano resplandor rojizo.

CLANG

Se pararon en el umbral de la puerta en la oscuridad y completamente callados. Un relámpago los tranquilizó. Todos los umbrales estaban ocupados.
La campana ya no volvió a sonar, pero no importaba. Esta vez estaban listos.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Proyecto de vida

Mathías, Mathías ¿Me escuchas? Soy yo, tu niño interior.
Tenemos que hablar. ¿Te parece que las cosas están marchando bien? Porque a mi no me parece. ¿Le has preguntado a alguna niña si sabe coser, bordar o abrir puertas? ¡NO! Ni si quiera te pido que las abra para ir a jugar, o que sea de San Nicolás, cualquier santo me sirve, San Ramón, Santa Rosa, San Jacinto y tantos otros.

Una candidata perfecta para matrimonio sería Fátima, la que era la maestra del jardín. Era de Santa Lucía, te bordó el nombre en la manga de la túnica y abría la puerta para ir al recreo, ¿Por qué no te averiguas si sigue viva y si ya palmó el viejo Sosa?

Lo otro, te veo muy empeñado con la ingeniería. ¿Qué carajo (perdón, no quería decir malas palabras) ¿Qué diantres pasó con ser policía, astronauta, bombero, explorador, estrella de rock o actor de cine?

Muy mal loco, muy mal.


Me voy a hacer un dibujo con crayolas.

lunes, 29 de octubre de 2007

Adán J Candel

No hubo muchos sorprendidos el día que el primer caramelo Candel desarrolló conciencia propia. Adán Candel se llamaba.
Estuvo en el fondo de la bolsa de un vendedor de caramelos ambulante por cinco años antes de ser vendido y así lograr comunicarse.
Contó que él no era el único, que a lo largo de su período encerrado conoció a muchos otros caramelos con historias similares, José Sugus, Juan Pablo Zabala, Roberto de miel y guaco, todos vendidos como él y muertos sin poder compartir su historia. Pasó dos meses lejos de los medios visitando fábricas y hablando con los caramelos, escuchando sus problemas. Se asustó de lo mal que los trataban.
Volvió y lanzó su candidatura a presidente. Ganó en primera vuelta.
Todos lo adoraban, era duro, duro como el caramelo Candel que era, pero de corazón blando y dulce, como los ositos de gelatina.
Murió joven, como todos los buenos caramelos. Se lo comió el hijo del secretario de presidencia en un asado. Pero no se fue sin dejar su huella. Pablito ahora tiene caries.

miércoles, 24 de octubre de 2007

Ajuste kármico

Habíamos acordado que ella iba adelante en la camioneta y yo en la parte de atrás, no iba a cagarse de frío sólo por hacerme compañía.
La camioneta se volvía a las tres de la mañana, lo cual me daba unas dos horas de sueño que como todo animador en medio de un campamento debía aprovechar, estaba exhausto y me volvía porque al otro día tenía una clase en facultad a la que no podía faltar.
A las tres menos dos minutos vienen a buscarme, no había escuchado la alarma. Sin luz manoteo las cosas, y con el sobre al hombro marcho fuera de la cabaña. Este lugar es en Lavalleja, y tiene luz de generador, el que apagamos cuando mandamos a los gurises a dormir, así que solo tenía para guiarme las dos luces rojas de la camioneta, que estaban muy borrosas por cierto, porque todavía no tenía los lentes, y como estaba en el estado de recién despierto olvidé por completo que era un terreno muy accidentado y rodé por el piso dos veces. Me lastimé, pero no demasiado.
Llegué a la camioneta y me subí a la parte de atrás, me puse el sobre por arriba, y una campera gruesa que llevo a todos lados. El conductor me vió, y me dijo "¿te vas a poner eso nada más?" cuando vio que esa era mi intención, me trajo su campera y me dijo "quedate siempre cerca del motor".
La camioneta arrancó por las calles de tierra que rodeaban al campamento y yo fui feliz, las siluetas de los cerros, miles y miles de estrellas y una luna casi nueva que parecía que un niño se iba a sentar a pescar en ella. Agradecí ser el único espectador de tan bello espectáculo, ni siquiera hacía tanto frío. Entonces llegamos a las rutas de asfalto.
Frío, mucho frío, mucho más de lo que sentí en ningún otro momento, las dos camperas y el sobre de nylon no eran batalla para el viento que entraba con todas las fuerzas y me calaba los huesos. Amanecía, el momento más frío del día según dicen. La vista era espectacular, pero yo no podía pensar en nada más que el frío que sentía. Miraba a mi alrededor y no había nada más con lo que taparme, el motor no daba nada de calor a la distancia en la que estaba la caja, y yo ahí.
De vez en cuando el conductor se bajaba a mear, y me preguntaba como iba todo "todo bien" respondía, porque sabía que sino mi amiga se iba a sentir culpable y venir ella un rato, y no quería que pasara por eso.
Buscaba indicios de que estuviéramos cerca, pero no reconocía nada. A lo último cerraba muy fuerte los ojos para soportarlo, no duraría ni un segundo en una avalancha, de eso estoy seguro.
Llegamos, el hombre me dejó a una cuadra de mi casa. Caminando con mi amiga me contaba que ella también la pasó mal adelante, al parecer el conductor estuvo cabeceando todo el viaje, pero yo todavía estoy duro de frío y no la escucho. Entro a mi casa, derecho a la ducha, abro la caliente y me meto abajo, los primeros segundos no sentí las gotas.
Pero la vista fue inolvidable.

martes, 11 de setiembre de 2007

Jugar a ser grande

Pavlov la tenía clara, somos una suma de reflejos condicionados. Desde que uno abandona las comodidades del vientre materno hasta que se muere justito antes de revelar el escondite del tesoro uno juega a ser grande. A esta altura me imagino que muchos dirán "el viejo ya es grande" a lo que yo responderé "dejen de hablar con la computadora".
Cuando era chico me gustaba jugar con el vaho, hacer como que era grande y fumaba, porque tenía insertado en el cerebro que fumar era ser grande. Cuando sea viejo probablemente juegue a tirarle pan a las palomas, o quejarme en oficinas públicas.
Hoy estoy jugando a escribir esto mientras tomo un cappuccino en un café, y no saben lo bien que se siente. SOY GRANDE Y TOMO CAPPUCCINO MIENTRAS ESCRIBO.
Me cansé de compartirlo con ustedes, voy a terminar de disfrutar en paz.

miércoles, 22 de agosto de 2007

Home

Empieza a sonar el tema. Entrecierro un poco los ojos. No es solo un tema. De los cuatro mil y pico de temas que tengo en el aparatito, no llegan a diez los que me hacen cerrar así los ojitos, y la mayoría son de este mismo disco. Hago memoria...casi trece minutos. El ómnibus ya estaba por dejarme bajar. Entonces tomo una decisión, aunque sólo 5 minutos de caminata me separen de mi casa no voy a llegar antes de que termine, voy a darme ese gusto.
Soy una persona muy rutinaria, siempre tomo la misma ruta para volver a casa, a paso acelerado. Hoy sin embargo voy dando pasos como al azar, al resto de los que se bajaron del ómnibus en la misma parada apurados por llegar a sus casas les choca mi andar cansino, yo no me doy cuenta, estoy saboreando cada nota, cada redoble.
Es tarde, nadie camina por las calles en invierno, sin testigos me doy el lujo de mover los labios y susurrar un poco la letra. Me desvío de mi camino habitual una cuadra, cosa que me hubiera resultado imposible de estar consciente. Mis oídos lo agradecen.
Descubro nuevas notas, notas que no estaban allí la vez anterior, nuevas intenciones, que probablemente no sean de los autores, sino que yo le adjudico, nadie puede estar tan traumado. Pobres.
Esquivo casas problemáticas, no quiero saludos, quiero terminarlo.
Finalmente termina, estoy en la puerta de mi casa, había llegado hace algunos minutos, pero no había atinado a entrar. Siento como que acabo de regresar de un buen sueño, lentamente tomo conciencia del mundo a mi alrededor, me saco los auriculares precipitadamente, no sea cosa que salte otro de esos, y entro a casa.

domingo, 12 de agosto de 2007

Y les gustan las películas de Disney

Se me fue de las manos. Soy el primero en admitirlo. Creí que podía manejarlo, pero ahora se fue de mi control.

No importa como, ni por qué, una noche volví con uno de estos extraños seres escondido en el bolsillo de la camisa. Me había encariñado con él, y sus ojitos tristes me decían que no quería pasar toda su vida en un laboratorio. No podía dejarlo ni un minuto más, quién sabe lo que le estaban haciendo esos científicos de pacotilla.

Lo dejé arriba de la mesada del sótano con un poco de leche, aunque en realidad no tenía idea de qué comía. No era más grande que la palma de mi mano.

Cuando volví al laboratorio donde limpiaba al otro día había unos señores vestidos como astronautas impedían el paso, carteles de cuarentena, camiones de bomberos y policía rodeaban la instalación. Daba la impresión de que algo muy grave había ocurrido. No tenía idea.

Abro la puerta del sótano y me encuentro con una rata destripada arriba de la mesada del sótano y DOS, dos de esos seres mirándome serenamente.

No sabía que hacer, si avisaba a alguien del laboratorio, podrían echarme, o meterme preso, tenía que manejarlo yo. Los llevé arriba y los dejé al lado de un montón de veneno para ratas, eso tenía que hacer el truco. Tranqué la puerta del cuarto y aunque costó logré dormir.

Al abrir mis ojos ahí estaban. Seis de ellos. Mirándome dormir, como extrañados de que hubiera despertado. No se como logré mantener la calma al vestirme, me seguían atentamente con la mirada sombría.

No había otra, tenía que matarlos definitivamente, fui a la cocina a buscar un cuchillo o algo y me encuentro al cadáver de mi gato, y cuatro juegos de huellas que salían del agujero de su vientre. Me desmayé.

Pensé que yo venía después, pero no, los seres me tenían un cierto respeto que no puedo explicar. A las dos semanas perdí la cuenta de cuantos eran, fácil doscientos. Siempre amanecían en el cuarto conmigo, como diciendo “hay otro”. Primero fue el cartero, luego el vecino de al lado, el perro del vecino de al lado, dos mormones que pasaban, un vendedor de plumeros, tres niños exploradores...

No se que hacer, ahora están entretenidos mirando por enésima vez el video del rey león. ¿Dónde venderán dinamita? y lo que es más importante ¿Entregarán a domicilio?

miércoles, 8 de agosto de 2007

Totalmente evitable

Solo le falta un cartelito. Adelante tuyo hay una perfecta oportunidad de mandarte una cagada. Tu, que la inocencia y la irresponsabilidad han hecho que te mandes millones de ellas sin sospecharlo la miras sorprendido, no es para menos, nunca antes habías visto el gran pozo clamando por tu pie sin que tu pie estuviera adentro.

Podrías esquivarla completamente, sin penas y con la callada gloria del que hace lo correcto por el simple placer de hacer lo correcto. Pero esta nueva capacidad de ver futuras cagadas te deslumbra, y te vuelves arrogante.

Llamas a todo el mundo para que observen tu proeza, vas a pasar por el filo del agujero. Mientras te acercas piensas en las fiestas en tu honor, ya ves los carteles “feliz cagada evitada”, empiezas a pensar en la música que vas a poner en la fiesta, si van a haber pebetes o pildoritas, o ¡ambos! La ocasión merece ambos. Te distraes.

La gente te mira incrédula, no pueden dar crédito a lo que acaban de ver. Caminaste derechito, pero derechito al pozo.

No parece que vayan a haber muchas fiestas hoy. Y si las hay, seguro no vas a estar invitado. Y bien merecido lo tienes.

martes, 31 de julio de 2007

La caída de la rubia

La rubia despampanante hacía su trabajo bien. Se veía bien, y eso siempre atraía televidentes. Sus comentarios perfectamente ensayados para fingir inocencia eran retrucados por el conductor que de manera aparentemente hábil y locuaz introducía un doble sentido que resaltaba su condición de juguete sexual.
Los anunciantes estaban contentos, el programa transcurría según lo previsto, el mundo seguía siendo completamente suyo. Entonces la rubia cayó. No fue una caída graciosa, de la que otros programas pudieran mofarse y sacarle provecho. Fue una caída que helaba los huesos.
La cámara no se alejaba de la rubia al caminar, sus ojos, sus senos, sus largas y expuestas piernas. Entonces cayó. Su sonrisa pícara se había esfumado un segundo antes, así como la vida de sus ojos. Cayó. Pero no fue una caída que se esperaría de una persona, cayó rígida y sonoramente, manteniendo exactamente la pose que llevaba al andar. Se balanceó unos segundos para finalmente caer de lado. Parecía una estatua, un maniquí muy bien logrado, aunque escasamente vestido. Cuando llegaron los forenses descubrieron lo que todo el resto de nosotros ya sabía. Adentro de la rubia no había absolutamente nada.

lunes, 23 de julio de 2007

Bienhumorado crónico

Julián se levantó temprano. Su día pintaba complicado, con trámites, idas, vueltas, adivinables enojos, y complicaciones varias. Su familia lo sabía, por eso se levantaron temprano también para acompañarlo en el desayuno. A Julián no le hizo mucha gracia, ni bien se había levantado se había propuesto que nadie le iba a arruinar la amargura.

Nutría su mal humor con ómnibus retrasados, cordones desatados, semáforos en rojo, gente de apariencia despreocupada y funcionarios públicos; asimismo no notó la suerte que tuvo de viajar sentado en un ómnibus lleno, la rapidez de algunos asuntos que imaginaba eternos y procuró no pensar en las buenas noticias que había recibido para no tentarse a cambiar de humor.

En eso estaba Julián, tratando de atesorar cada momento insufrible de uno de los peores días de su vida cuando, apurado, buscando la cuarta nada del día en su bolso la encontró. Una foto. Las había revelado hace dos días y pensaba que las había visto, pero esta la había pasado por alto. Esta era distinta. Esta foto no había capturado una imagen, había capturado un sentimiento, un sentimiento que Julián había encerrado por ese día pero que ahora había logrado liberarse. Ya no estaba malhumorado. Si pasaban por la oficina pública seguro que lo reconocían. Era el único gil en la cola sonriendo con cara de bobo.

sábado, 21 de julio de 2007

Storming out

No hay nada más infantil que salir enojado de una habitación. Me refiero a todo el espectáculo, la trompa, el agarrar las cosas rápidamente y evitando el contacto visual con el sujeto con el que uno acaba de perder la paciencia, y lo infaltable, el portazo del final.
Uno, sin embargo se siente muy bien consigo mismo cuando hace estas cosas, adentro está pensando "uuu que enojado que estoy, estoy haciendo que el otro lo piense dos veces antes de enojarme otra vez", y puede ser que el otro piense así.
Pero, un aviso, cuando lo hagas, no te olvides de sacar las llaves del lado de adentro, porque vas a tener que volver a abrir la puerta para sacarlas, y hagas lo que hagas no las tires para cualquier lado y vuelvas a dar un portazo, y si has tenido la mala suerte de que te hayan pasado las dos últimas, por favor, no vuelvas a entrar para recoger las llaves del suelo y tirarlas a la mesa y volver a cerrar de un portazo. Y si después la puerta no tranca al primer intento, y todavía quieres que la persona siga un poco preocupada por tu enojo, no estés 5 minutos tratando de cerrar la puerta.
Porque si es así, el otro no va a tener más remedio que empezar a reírse, y el otro no quiere eso. Y vos no querés eso. Y las llaves no quieren eso. Y la puerta, que tampoco quería eso, sufre el portazo final.

lunes, 9 de julio de 2007

Mata al mensajero

Tiene el descaro de preguntártelo. Ahí cómodamente sentado en el primer asiento de la cita de las siete y media. Una pregunta tan descabellada que tu primer impulso sería reír de la estupidez que el sujeto planteaba. Una idea tan horrible que el sujeto no podía estar esperando nada menos que una negación ofendida de tu parte.
Sin embargo dudás.
Dudás sabiendo claramente que si existe la mínima posibilidad de que vos creas que eso puede ser cierto no podés considerarlo más un amigo. Tratas de engañarte pensando que si te hubieran hecho el mismo planteamiento hace unos años hubieras desmerecido al mensajero, que los amigos van y vienen y que ya sabías que ahora no era tan cercana la cosa como antes.
Pero en el fondo sabés.
Sabés que el mismo planteamiento hubiera provocado la misma duda hoy, hace dos años o hace ocho. Sabés que has declinado en otras oportunidades de defenderlo de acusaciones menos serias. Sabés que aunque vos no te guardes secreto alguno, él no te tubo nunca la misma consideración, ni para cosas serias, ni para cosas superfluas. Sabés.
Y mientras yo pierdo un amigo, el otro sigue ahí cómodamente sentado en el primer asiento de la cita de siete y media. Tendría que haber vuelto en auto.

lunes, 2 de julio de 2007

Ver tomar da sed


En general creo que tuve bastante suerte a la hora de hablar de mi hermano menor, coincidimos en gustos musicales, en nuestra indiferencia hacia los deportes, gustos televisivos y radiales y, aunque a veces trae cualquier bazofia del videoclub se le puede hacer la vista gorda.
Alguna cosa que otra, dentro de lo sano, me exaspera de vivir en el mismo cuarto con él pero dado que visita este blog con regularidad no las enumero por temor a represalias.
Si, tengo miedo a las represalias de mi hermano menor.
Pero si hay algo que odio de tener un hermano menor es el hecho de que el todavía tiene vacaciones y yo ya no, esa libertad que tanto anhelamos estando sólo a medio metro de tu cama es algo que nadie debería tener que soportar.
Es como estar en el desierto con la cantimplora vacía, mientras que él todavía bebe de la suya, veo la nuez de adán subir y bajar, escucho sonoros "ahhs" de placer que siguen a cada trago, y por más que quiera beber de su cantimplora no es justo, ambos salimos con la misma cantidad de agua, solo que yo ya bebí toda la mía.
Igual, ya se ve por la forma en la que empina la cantimplora que son los últimos tragos, después estamos en la misma, en la interminable búsqueda del oasis, la jubilación.

miércoles, 20 de junio de 2007

Reinterpretaciones


En una de las primeras entradas que esta pobre excusa de blog supo tener hablaba de la vez en que me crucé conmigo mismo. No estaba hablando metafóricamente. Realmente me crucé con mi yo del futuro.
Me había ido de una clase temprano con un amigo, estábamos sentados en un banco de la plaza que está en frente de facultad cuando noté una persona caminando por la vereda, noté que era muy parecida a mi, estaba por hacerle notar eso a mi amigo, cuando el sujeto se da vuelta, me mira a los ojos y me saluda riendo. Después cruzó la calle. Mi amigo estaba igual de sorprendido que yo, no se parecía a mi, era yo, sólo que unos años más grande.
En el momento sólo me quedé con lo extraño del suceso, cuando relataba esto el año pasado decía que no tenía nada para decir al respecto, pero mentía. Mi sonrisa me intrigaba, ¿qué quería decir?
Ahora, mientras el día en el que voy a tener que repetir el momento desde el otro lugar se acerca cada vez más las cosas se van poniendo más claras.
Muchas noches me preguntaba si sonreía porque era feliz. Hoy sé que sí.

jueves, 7 de junio de 2007

Libertad

Una posibilidad.
Un único conjunto de acontecimientos, infinidad de consecuencias si no sale tal cual esta posibilidad, esta pequeña hendija de poder que me fue regalado, tiene prevista.
El conductor dejó el ómnibus en el andén y descendió a hacer una llamada cerrando la puerta mediante un mecanismo en la parte delantera. Adentro quedaba su único pasajero. Yo, muy cerca, esperando el ómnibus que ocupara el mismo andén una vez este se fuera.
Supongamos que puedo encontrar el mecanismo al primer intento, sin llamar mucho la atención. Supongamos que, aún no sabiendo manejar correctamente un auto, logro hacer andar el ómnibus y sacarlo a la ruta. Supongamos que el conductor, sabiendo que de saberse que dejó el ómnibus solo perdería su trabajo, decide darme caza en un taxi sin alertar a la policía caminera. Supongamos que la claridad que me da la espontaneidad del asunto, la libertad de la que estoy haciendo uso, me hacen decir un discurso digno de película de las tres de la tarde en Filmzone, discurso que convierte al único pasajero en mi aliado, entendiendo que es mi momento y bajándose en la primer luz roja.Supongamos...
Mientras todas estas suposiciones se sucedían en mi cabeza el conductor volvió, accionó el mecanismo que abrió la puerta y se llevó mi posibilidad a costa azul, por interbalnearia.
Pero, en uno, y solo en uno de los billones de universos que esa única posibilidad creo, dejé el ómnibus a una distancia prudencial de mi casa y me fui caminando con las manos en los bolsillos.

miércoles, 23 de mayo de 2007

El golpe de gracia


Existen varios tipos de conocidos, en general referentes al grado de afinidad que una vez supiste tener con ellos.
Tenés a los que solo se saluda con un movimiento afirmativo en la cabeza, los que llegan hasta un "como andás?" pero no se quedan a escuchar la respuesta y los "aferrados", seres que resumen todo el trato que has tenido con ello a un solo momento (supongo que para liberar espacio en el disco C:) y se empeñan en volver a contar ese chiste del que te reíste por compromiso esa vez, o una situación embarazosa que desearías no hubiera ocurrido.

Pero los peores, por lejos, son los "medidores".
Los medidores son ese tipo de conocidos que necesitan competir en cada comentario, si vos tenés horarios feos, él tiene horarios peores; si vos te sentís medio congestionado, él está expectorando seres vivos con nombre, auto y que han formado una colonia usando como principal materia prima sus pañuelos desechables. Uno es incapaz de resistir los comentarios del medidor y trata de encontrar eso en lo que uno pueda superar al medidor. Pero el medidor es astuto y siempre logra inclinar la balanza hacia las cosas en las que sabe que ganaría.

Lo peor de estos encuentros es que uno termina convertido en un medidor más, tratando de hacer un currículum de eventos interesantes, sabiendo que la próxima vez estarás preparado para el contraataque. Pero estamos equivocados.

El medidor, en un golpe final de genialidad maléfica, una vez victorioso se coloca deliberadamente en régimen de "como andás?" estricto.

viernes, 18 de mayo de 2007

Bloguíticamente correcto.


Somos una comunidad. Todos estamos acá porque tenemos algo para decir, tendremos diferentes estilos, formas de pensar y aspiraciones para estos espacios, pero sabemos que la única forma que tenemos de sobrevivir es conviviendo juntos. Porque un blog sin lectores es como el payaso que tengo amordazado en el sótano de casa.

Así nos embarcamos en una relación donde autor y lector invierten papeles en cada nueva entrada, donde uno tiene la oportunidad de conocer y conocerse, tener tertulias sobre temas tan vanales como las galletitas surtidas, o serios como el abuso doméstico. Pero probablemente ustedes ya sepan esto, no es como que esté descubriendo la fusión en frío, o el significado del reclame de “yoney, hair stylist”.

Pero no todo es color de rosas.

En la total anarquía que reina en estos espacios, no pudimos escapar a nuestra condición humana, y poco a poco hemos creado nuestras pequeñas reglas y códigos, que, aunque permanecen tácitos, todos aprendemos y acatamos tarde o temprano.

Vamos perdiendo poco a poco los rasgos que nos hacen únicos hasta que un día solo nos diferenciará el color de fondo

No se si es el payaso que soltó las mordazas y empezó a cantar el himno de Canadá desafinado o el hecho de que tuve un buen día para variar y necesito balancear, así de oscuro me salió.

jueves, 3 de mayo de 2007

El que esté libre de pecado...

Un verano hace un montón de años, para un círculo lo suficientemente alejado para no querer corroborar pero que no le deseaba ningún mal Mauricio se había suicidado. Nadie sabe quien, o por que motivo se inició ese rumor. Lo más divertido fue cuando Mauricio se cruzó con una de estas personas, el abraso efusivo que tuvo lugar y la expresión en la cara de este individuo, mientras Mauricio retornaba al mundo de los vivos.
En menor medida acabo de pasar por el mismo trance, estoy muy contento de informarles que Zack de la Rocha está vivo.
Como un "abusador de la buena fe que tiene el resto de que yo hablo con propiedad de los temas de los que hable" en vías recuperación, siento como mi obligación decirle a las por lo menos tres personas que nunca desmintieron su muerte a pesar de ser mucho más devotos de rage que yo que quizás ustedes también padecen de mi mismo problema. No es nada que una buena limpieza espiritual no cure, en definitiva, destapen las sidras de precios módicos, Zack de la Rocha está vivo.